Se cae de pronto en la calle desierta.
resbala en el hielo y se hiere,
sangra y se levanta aturdido.
Mira alrededor y desconoce ,
el entorno no es suyo no recuerda.
Regresa por donde llegó y se cura,
se desinfecta y mira en el espejo,
asustado se da cuenta que no es él
que sus rasgos y recuerdos son ajenos.
Nada le pertenece en ese lugar
y nunca le perteneció, presiente.
La colcha, la cama. Nunca elegidos.
Solo una de las toallas tiene un color,
un brillo propio, reconocible, inolvidable.
Encuentra unas llaves de automóvil
y toma el ascensor que lleva al garaje,
lo encuentra y sube, se dirige como siempre
al trabajo de algún otro que nunca será él.
Yo, el pior.